Con bastante frecuencia, los términos enseñanza y educación se confunden hasta extremos tales que se usan indistintamente para señalar las funciones y obligaciones que conciernen exclusivamente a la escuela.
No
obstante, conviene delimitar y definir competencias para que ambas locuciones
sean usadas con propiedad y legitimidad.
Sin embargo, en esta gran tarea de educar, la familia es la base, el
punto de partida en la transmisión de valores. En estos tiempos no podemos
obviar el hecho de que los valores están esencialmente relacionados también con
la cultura de la sociedad y medios de comunicación. Es por eso que conscientes
de la gran dispersión del fenómeno educativo, la administración fija objetivos
concretos para la formación de ciudadanos educados.
Enseñar, por otra parte, es transmitir una serie de conocimientos, de
saberes, fijados y programados por niveles cuya práctica sí recae con
responsabilidad y en alto grado sobre el profesorado. Conocimientos evaluables,
sometidos a estudio en libros de texto. Las diferencias, entre enseñar y educar
son altamente significativas. Lo razonable, lo realmente conveniente sería
enseñar y educar, dado que si no se logra un alumnado educado, será imposible
enseñar, y esto es lo que hoy genera grandes conflictos. Caminemos sembrando
valores y tendremos alumnos educados.
EL AULA ES UNA REALIDAD SOCIAL
Los maestros tomamos miles de decisiones durante una jornada laboral,
muchas de ellas desde la intuición. La mayoría de las veces estas decisiones no
son un acto plenamente consciente, ni fruto de un razonamiento lógico.
Esto es así, por diversos motivos, entre ellos, porque los humanos
funcionamos de esta forma; y está bien que sea así. Ahora bien, sabemos que en
toda decisión se expresa un proyecto educativo, una idea sobre la persona, la
sociedad; también se expresa una concepción sobre cómo se aprende. Justamente
por esto vale la pena pensar sobre nuestras decisiones.
Aprender es convivir con propósitos. Convivir comprendiendo el mundo
supone un compromiso individual con objetivos colectivos. Este compromiso
individual supone cultivar un interés por comprender a los otros. Comprender a
los otros pide mucha comunicación y respeto. Sabemos que, cuando se trata de
construir conocimiento, la comunicación ha dejado de ser unívoca.
Los humanos nos comunicamos en cuanto encontramos sentido para hacerlo.
Lo hacemos, conversando, escribiendo, leyendo, dibujando, conectándonos a
Internet. Por esto es tan importante construir con el alumnado el sentido de lo
que se hace. El hecho de escribir para comunicar, o de dibujar para comunicar,
o de hacer una maqueta, un PowerPoint, o un Blog para comunicar, nos hace mejorar
un puñado de habilidades más o menos técnicas.
Como si se tratara de un embrollo, en estos procesos, se entremezclan
un montón de emociones: La emoción de hacer algo juntos, con la de sentir que
tu pensamiento ha servido para algo; la emoción de enfrentar algo desconocido, con la de no sentirse solo; la emoción de llegar a puerto, con la de observar el
proceso propio; la emoción que supone descubrir que tienes cosas en común con
alguien más.
Se podría comprender que las competencias son una cosa y los contenidos
otra, o que las competencias son un contenido más, o que los contenidos son
triviales... Pero si entendemos que los contenidos son aquellos recursos
culturales que la humanidad ha ido construyendo para comprender y para situarse
en el mundo, podemos dar un sentido diferente al que tradicionalmente se ha
dado a la ciencia, la matemática, la literatura, y el arte. Las competencias son la columna vertebral del desarrollo integral del estudiante, preocupémonos entonces de descubrirlas, pero también de desarrollarlas individualmente, ya que cada una de ellas, provienen de diferentes realidades sociales, de diferentes mundos, de diferentes formas de vivir y pensar la vida.
María Victoria Vera Acuña



No hay comentarios:
Publicar un comentario